sábado, 28 de junio de 2014

Noche 10 (parte 2)


Chris

Todos dimos un paso hacia atrás observando que la superficie del charco de sangre aumentaba poco a poco.
            -¡¿Y qué hacemos?!-casi gritó Jesse.
            -¡Yo que se! ¡Echamos la puerta abajo!-sugerí.
            -¡¿Cómo?!
Aparté a Jesse y a Janyse y le propiné una patada a la cerradura oxidada. Y otra.
-¿Pensáis ayudarme o tengo que esperar a que pase una semana y nos empecemos a morir de hambre para que espabiléis?-Alysa se quitó una horquilla del pelo y se agachó para intentar abrir introduciéndola en el hueco de la cerradura, sin éxito.
-Está oxidada, no funciona-se lamentó, frustrada.
-Espera-murmuré indicándole que se levantase-Empuja la puerta ¿vale? Con toda tu fuerza.
Ella asintió y se apoyó contra la madera.
-A la de tres-dijo en voz alta-Una… Dos… ¡Tres!
Le asesté una última y certera patada a la puerta, esta vez a la madera, resquebrajándola y haciendo caer a Alysa sobre las astillas.
-¿Estás bien?-pregunté tendiéndole una mano. Ella asintió cogiéndola de buena gana, pero la solté casi inmediatamente.
-¡Eh!
-¿Qué te ha pasado en la mano?-exclamé agachándome junto a ella.
-¿La mano…?-Jesse encendió la linterna y se acercó a nosotros, enfocando la mano de Alysa.
-Agggg-hizo ella poniendo cara de asco. Se restregó la mano contra un pedazo de madera-Esto está todo pringado de sangre…-se calló de repente. Frunció el ceño y se levantó de un salto apoyándose en mi.
-¿Qué pasa?
-Ahí hay algo-masculló entre dientes.  La aparté un poco y palpé la madera del suelo hasta que di con algo liso y frío; Jesse, leyendo mi mente, enfocó con la linterna. Todos dimos un paso atrás con los ojos muy abiertos. Me limpié la sangre de la mano en la camisa sin apartar los ojos del cadáver. Era una chica tendida boca abajo, sobre un charco de sangre.
-¿Quién es?-murmuró Janyse, sobrecogida.
-Me da igual. Vámonos de aquí. Hemos visto suficiente-protestó Jesse.
-Es verdad. No somos bienvenidos. Andando-apartamos los trozos de la puerta entre todos lo más deprisa que pudimos y comenzamos a subir las escaleras en silencio, incapaces de pronunciar palabra.
Alysa me rozó el antebrazo en la oscuridad. Tiré de ella y le cogí la mano con fuerza.
Jesse y Janyse nos seguía de cerca.
Cuando salimos de las escaleras la ermita estaba a oscuras. Solo escuchaba el latido de mi corazón a mil por hora y la respiración entrecortada de Alysa. Unos pasos lentos se escucharon y retumbaron merodeando por el templo. Y el tarareo de una melodía infantil lo acompañaba.
-Jesse-susurré en el tono más bajo que pude- La linterna… pásamela-pronto la tuve apagada en mi mano. La encendí enfocando al suelo y busqué la salida con el rayo de luz mientras avanzaba con Alysa de la otra mano y Jesse y Janyse detrás. Di un respingo cuando una silueta de alas bicolores se cruzó por el rayo de luz. Fue solo un segundo, pero bastó para que todos diésemos varios pasos para atrás.
-Vámonos de aquí-murmuró Janyse.
-La puerta, Chris, enfoca hacia la puerta-pidió Jesse con tono de urgencia.
Echamos a correr hacia la salida, todos en tropel. Antes de salir, me giré con la linterna para comprobar si la figura seguía allí. Y efectivamente. Llevaba una enorme capa negra con capucha que le tapaba la cara por completo. Solo llegué a ver unos mechones de cabello rubio platino que sobresalían de la parte baja de la tela.
            -Hasta pronto, Chris-susurró desde las sombras. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Alysa me apretó la mano.

Alysa

La brisa nocturna revolvía las copas de los arbolitos de la plaza. Volvíamos a casa a la velocidad de una tortuga obesa en la luna, en silencio. Me moría de ganas de decir algo y romper el halo de incomodidad que nos rodeaba desde que nos habíamos quedado solos, pero tenía la mente completamente en blanco. Miré a Chris de reojo. Caminaba despacio, con las manos en los bolsillos y los ojos clavados en el suelo, como si nunca hubiese visto sus propias zapatillas. Advirtió mi mirada y giró levemente la cabeza, sosteniéndomela unos segundos antes de ambos nos apartásemos. Incomodidad nivel astronómico.
Por fin llegamos a mi calle. Suspiré y aceleré un poco el paso hasta detenerme frente a la casa de mis abuelos. Se me antojó una escena muy parecida al día en que nos conocimos. Chris se situó a mi altura.
            -Bueno…-empezó él-creo que… Me voy a casa…
            -Ya…
            -Buenas noches, supongo…
            -Buenas noches…
Me mordí el labio indecisa. Él dio media vuelta con un suspiro cansado y comenzó a caminar para bajar la cuesta de la calle. Coloqué la mano en el picaporte de la puerta, pero cambié de opinión y la retiré. Sacudí la cabeza y me di la vuelta.
            -¡Chris!-exclamé. Él se detuvo, girándose hacia mí. Tras pensarlo un momento, salvé la distancia que nos separaba, me puse de puntillas y le besé en los labios, haciéndole tropezar ligeramente hacia atrás, aunque sin apartarse. Apoyé las manos en sus hombros, relajándome un poco cuando respondió al beso, poniéndome las manos en las mejillas.
Me separé de él.
            -Que sea la última vez que me das las buenas noches de una forma tan cutre-bromeé.
            -Tomo nota-sonrió Chris-me acarició la mejilla con cariño y sonrió-. Buenas noches, pequeña-me dio un beso suave en la frente y se despidió con una sonrisa que le devolví inmediatamente. No le quité las manos de los hombros del todo hasta que se apartó, un poco a regañadientes, para seguir bajando la cuesta.

            Me quedé parada en medio de la calle durante unos segundos, procesando. El verano en el pueblo no estaba tan mal al fin y al cabo. Seguro que en Canarias no había “Chrises” como aquí.
Entre en casa y me apoyé contra la puerta de entrada con una sonrisa. Debería haberme puesto a reflexionar acerca de los fantasmas pero sinceramente, no me acordaba para nada de mis posibles asesinos. Suspiré aún sonriente y empecé a subir las escaleras a paso lento. De pronto, la puerta de la habitación de Lily se abrió estruendosamente  chocando contra la pared.
            -¡¡LO HE VISTO TODO!!-gritó mi prima- ¡¡DESDE EL BALCÓN!!
            -¡¡PERO SERÁS…!!
            -¡¡DEJA DE QUEJARTE Y CUÉNTAMELO TODO!!-gritó arrastrándome hacia mi habitación. Cerró la puerta y se sentó en la cama.
            -Pero si ya lo has visto…-mascullé aún mosqueada.
            -¡Da igual! Jo, Aly, que me hace mucha ilusión por ti…-suplicó agrandando los ojos.
Suspir ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽o los ojos.
ue me hace mucha ilusifantasmas pero sinceramente, no me acordaba para nada de mis posibles asesinos. Susé resignada.
            -A ver… ¿qué quieres que te cuente?
            -Bueno… no escuché nada de lo que te dijo al despedirse…-insinuó con una sonrisa tentadora.
Oculté una risita.
            -Que buenas noches…-resumí dejándolo en el aire.
            -Seguro-ironizó Lily poniendo cara de insuficiencia-¿Respondiendo a qué? Porque seguro que tú le dijiste algo.
Puse una mueca medio avergonzada.
            -No le dije nada…
            -¡Alyyyyyysaaaaaa…!-lloriqueó.
Decidí premiarla por utilizar mi nombre completo.
            -¡Ah, está bien! Le eché la bronca por despedirse de forma tan cutre. Así que le besé y él dijo “Buenas noches pequeña”. Ya está.
            -Espera, espera. ¿le echaste la bronca? ¡O sea, que ya os habíais liado antes!
Abrlla
﷽﷽﷽﷽﷽posibles asesinos. Sus bronca? O sea, que ya os habiais amente, no me acordaba para nada de mis posibles asesinos. Susí la boca para contestar y volví a cerrarla inmediatamente.
            -¡No, claro que no, qué va, qué cosas dices!
            -Mientes fatal-rio ella-Pero bueno, dado que no quieres hablar me conformo con esto. Me alegro mucho por ti-dijo guiñándome un ojo-Y, seamos sinceras-añadió alzando las cejas-El chico está como un tren.
            -No me digas-la apoyé, apartándome el pelo de la cara con una sonrisa felina contenida. Me devolvió la sonrisa y se levantó.
            -Me voy a dormir-anunció felizmente-Buenas noches y que sueñes con los angelitos… tu ya me entiendes…-se despidió.
Me reí un poco. En el fondo era  buena persona.
            -Igualmente-respondí-Ya me contarás si tienes algún “angelito” en particular con el que soñar.
            -Uy… No sabes cuantos-insinuó medio en broma medio en serio-Mañana te cuento.
Asentí y me dejé caer sobre la cama. Soñar si, pero dormir… iba dormir Larry. Cogí el móvil para escuchar música, cuando me fije en el icono del WhatsApp. Dos mensajes, uno de mi madre avisando que se las había apañado para meterme datos en el móvil añadiéndole un “de nada” y una carita sonriente y preguntándome si me lo estaba pasando bien. Decidí contestar por la mañana. No me apetecía levantar sospechas acerca de la hora a la que me acostaba. Miré el segundo mensaje y dejé escapar una media sonrisa.

Chris: Soy el único que tiene insomnio?

Sonreí del todo y abrí el chat.

Alysa: jajaja para nada, te lo aseguro
Chris: mañana nos vemos no?
Alysa: claro J
Chris: Pásate por casa si quieres
Alysa: a qué hora?
Chris: cuando puedas. Mas o menos pronto?
Alysa: por qué? Quieres hacer algo que requiere tiempo?
Chris: depende. Que quieres hacer tú?
Alysa: …
Chris: tomo nota otra vez B)
Alysa: venga, fuera de coñas.
Chris: no iba en plan coña pero bueno
Alysa: -_-“
Chris: vale, vale, ya me callo
Alysa: tienes algo más que decir antes de que me vaya a dormir?
Chris: Sip. Una última cosilla.
Alysa: ??
Chris: Te quiero
Alysa:  :’)
Chris: e.e a qué viene esa cara?
Alysa: a qué viene la tuya?
Chris: me estás rayando, peque. Buenas noches.
Alysa: Hasta mañana :3

****

Bueeeenas, lectores. Dos palabras: lo sentimos :´(  Está siendo un verano estresante, lleno de cosas por hacer y antes de eso, vinieron toneladas y toneladas de exámenes y trabajos (pero lo hemos aprobado todo como unas pros XD). En fiiiin, esperamos que nos disculpéis, que votéis en reacciones y que COMENTÉIS mucho ejem ejem si quereis ejem ejem Dentro de nada subimos otro para compensar.
PD: los amantes del rollo-bollo no os podéis quejar. Y los de la sangre tampoco así que de nada XD
We love you!!!! :3















miércoles, 26 de marzo de 2014

Comentarios

Aloha a todos!!! Básicamente subimos esto para saber qué os está pareciendo la historia porque francamente no tenemos ni idea. Y ¿sabéis por qué no tenemos ni idea? Porque a pesar de que pusimos ese concurso web y os pedimos que dejaseis comentarios no habéis puesto ni uno. Ya sabéis que no podemos seguir si no nos decís qué tal. Así que hemos decidido volver a lo que hacíamos antes: hasta que no haya al menos diez comentarios, no subiremos capítulo. 
Es básicamente para saber si os está gustando la historia, si está bien escrita, si querríais cambiar algo... 
Además, hemos metido una nueva encuesta preguntando qué personaje os gusta más. Y con respecto al concurso, en seguida pondremos todos los detalles en el apartado de comenta. 
Recordad, 10 comentarios y subimos el siguiente. 
Saludos de Little Cat & Little Flower =^_^=

lunes, 17 de marzo de 2014

Noche 10


Alysa

            Nos sentamos los tres en el suelo, frente a la verja del cementerio, a la espera de la llegada de Jesse. Yo seguía bastante confundida. ¿Cómo era posible que tuviésemos información invertida? Hice recapitulación mental de todo lo que Chris y yo habíamos dado por sentado: los viernes por la noche, en el cementerio de la ermita había dos fantasmas casi idénticos, a excepción del color de sus alas y sus vestimentas. El blanco estaba en la ermita, quizá en la biblioteca, y el negro vagaba por entre las tumbas, dejando una rosa negra en una lápida sin nombre que supuestamente era la suya propia. Estos dos fantasmas parecían ser las protagonistas de una leyenda popular que circulaba por el pueblo y se utilizaba para inculcar a todos los niños que la ermita es peligrosa. Sacudí la cabeza.
            -Todo esto es un galimatías como la copa de un pino-mascullé cansada.
Janyse abrió la boca para contestar, pero la interrumpió un crujido entre las ramas. Se levantó de un salto.
            -¿Jesse?-llamó, escrutando las sombras.
            -¡Hola! Perdón por tardar, he tenido que bajar por la ventana de mi cuarto. Resulta que mi hermana estaba enferma así que…-de entre los árboles surgió la silueta de un chico de mediana estatura y complexión delgada. Su rostro de tez pálida, iluminado por la escasa luz de la luna estaba adornado por una sonrisa bonachona. Se volvió hacia nosotros con gesto sorprendido.-¿Chris?
            -Hola-dijo el aludido, sin saber muy bien por donde empezar a explicarlo todo.
El chico miró a Janyse con las cejas alzadas en señal de confusión.
            -Ellos vienen todos los viernes-empezó ella, y, rápidamente le puso al corriente de la recién descubierta información opuesta.
            -Ella es Alysa; su abuela vive en el pueblo-añadió Chris cuando Janyse terminó de hablar.-Llevamos poco menos de un mes viniendo, los viernes por la noche.-Jesse parecía entusiasmado.
            -¿Un mes? ¿Os dais cuenta de lo estúpido que es eso? ¡Tenemos que juntar pistas!-exclamó alegremente.
            -Estoy de acuerdo pero no aquí-intervino Janyse-Quizá mejor mañana…
            -No, todavía es pronto.-negó Chris-Cuanto mas avancemos, mejor. ¿Qué tal si vamos a la plaza del pueblo?
Hubo un intercambio general de miradas.
            -Venga, hombre. Los cuatro llevamos investigando y sacar prácticamente nada en claro un mes entero. ¿Nadie más que yo tiene curiosidad?
            -Por mi…-Jesse tiró de su amiga-Venga, vamos.


            Chris

            Nos sentamos en uno de los bancos, junto a una de las farolas oxidadas. Esta noche prometía ser interesante.
            -¿Qué sabéis vosotros?-inquirió Jesse casi inmediatamente. Alysa tomó aire antes de empezar.
            -En nuestro caso, la mujer de negro era la que estaba en el cementerio. Se dedicaba a llevarle flores a la lápida sin nombre y a llorar sangre.
            -Su propia tumba-intervino Janyse.
            -La leyenda del pueblo-asintió Alysa.-El caso es que el fantasma de negro parece tener un control innato sobre los cuervos. Nos lanzaba bandadas enteras encima. La primera vez, se liaron a picotazos pero después se limitaban a rodearnos sin hacernos daño.-Jesse asintió pensativo y le hizo un gesto a Alysa para que continuase.-Lo más característico del fantasma era su canción-siguió ella-¿Vosotros también la oíais?
            -Uno y dos-recitó Janyse-su alma robó, dos y tres, muy pronto la enterraré, cuatro y cinco el destino está escrito, cinco y seis, la historia empieza otra vez.
Miré a Alysa con el ceño fruncido.
            -Esa no es la canción…-murmuré, hecho un lío-O al menos, no es la canción que ella cantaba.
            -Quizá es porque no es el mismo fantasma-aventuró Jesse-¿Cómo era vuestra canción?
            -Uno y dos, se fue y no volvió, dos y tres, y no le perdonaré, cuatro y cinco, me engañó con sus mitos, cinco y seis, os veo y no me veis.-tarareó Alysa-Bueno, el caso es que después de un par de visitas al cementerio empezó a complicarse todo.
            -La muerte de Ian-murmuré. Jesse agachó la cabeza.
            -Era mi mejor amigo-dijo en voz baja. Janyse le pasó un brazo por los hombros con una sonrisa consoladora.
            -Sigue-dijo, moviendo solo los labios.
            -A la mañana siguiente, me encontré en mi habitación un sobre, una plumita negra y una blanca con una especie de versión de la canción de antes.
            -Una y pronto dos, su alma robó-dijo Jesse.
            -Algo así. Una y pronto dos, se fue y no volvió.
            -La siguiente vez que fuimos al cementerio, me encontré con el fantasma de Ian… o eso creo…-dijo Alysa-Era una especie de espectro con dos cuencas negras por ojos. Y a Chris le pasó una cosa muy rara en el cementerio; las lápidas y los ángeles de piedra se esfumaron por un momento. Todas menos una-Jesse y Janyse escuchaban con el ceño fruncido.

-La cosa es que después de eso, mi hermano mayor, Derek tuvo un accidente que por poco le cuesta la vida. Fuimos otra noche al cementerio y nos encontramos un mensaje escrito con sangre en la pared de la ermita: dos y pronto tres, en la escalera te veré. Esa misma noche, encontramos la entrada a la biblioteca pero decidimos no bajar. Y al volver a casa…-me mordí el labio-Mi prima de cinco años estaba de visita… esa noche vino a mi cuarto porque tenía miedo así que le dije que podía quedarse conmigo… De repente empezó a transformarse… en cuestión de segundos había dejado de ser una niñita para convertirse en un fantasma horripilante. Al salir, me encontré su cadáver en las escaleras-decidí omitir cómo me lo había encontrado.
-Y la siguiente noche que fuimos a la ermita bajamos a la biblioteca-continuó Alysa rápidamente-Lo único que sacamos en claro es que ahí había algo, un fantasma  poco amigable…

-El fantasma blanco lo vimos por primera vez esa misma noche.-continué-Estaba dentro de la ermita, sentada junto al ventanuco. Nos la encontramos al salir de la trampilla. Y aunque parecía pacífica… se puso a cantar otra versión distinta de esa misma canción.
-Uno y dos en la casa se escondió. Dos y tres, su sangre derramaré. Cuatro y cinco, en la mentira se ha perdido. Cinco y seis, con ella moriréis-dijo Alysa.
-Siniestro-comentó Janyse haciendo una mueca.
-Eso no es todo. Cuando me di la vuelta, Alysa tenía los brazos llenos de sangre. Creemos que había sido otro fantasma distinto…
-…y como la dama de blanco había mencionado la casa, dimos por sentado que era la casa de las gemelas y decidimos ir a investigar.
            -¡La casa!-exclamó Jesse-Cómo no se nos habría ocurrido… Pero ¿entrasteis?
            -Curiosamente sí. Nos abrió un mayordomo con mala uva que solo aceptó dejarnos pasar cuando la única inquilina de la mansión le dijo que lo hiciese.
            -¿Cómo es ella?-inquirió Jesse.
            -Es una niña-dije sonriente.
            -¿Qué?
            -Una niña repipi muy amable, albina y parapléjica. Va en silla de ruedas por un accidente que tuvo, dándose un golpe en la espalda. Su nombre es Elisabeth-completó Alysa.
            -Pero… si todo el mundo piensa que es una anciana. ¿Cómo es posible?
            -Eso nos preguntábamos. Nos contó que sus padres están siempre viajando, y que es el mayordomo el que se ocupa de ella, nos enseñó unas muñecas  hechas por su madre y nos dijo que cuando sus padres compraron la casa esta estaba abandonada y tuvieron que reformarla, así que no tienen ni idea de quienes fueron los últimos propietarios.
           
-O sea que esa chica no tiene nada que ver con las gemelas.
            -Eso parecía.-dijo Alysa-Hasta que esta madrugada pasada me encontré frente a mi cama a una de sus muñecas ahorcada con un hilo y con las mejillas cubiertas de lágrimas de sangre.
            -Dios mío…-Janyse se mordió el labio con aprensión.
            -Tuve una especie de pesadilla en la que salía Elisabeth gritando de miedo así que hoy por la mañana fuimos a ver si estaba bien… Y lo estaba, pero al parecer las gemelas llevan años persiguiéndola. El accidente que tuvo fue por culpa de la de negro.
            -¿Damos por sentado que los fantasmas del cementerio son las dos gemelas?
            -¿Quienes si no? Son idénticas excepto por el color de las alas y el vestido. Bueno, el caso es que Elisabeth nos invitó a merendar. Y esta tarde…
            -…nos recorrimos la casa entera aprovechando que el mayordomo estaba en el jardín y había obligado a Elisabeth a descansar. Había algo pululando por la casa. Ni idea de qué, pero los jarrones se caían solos, los cuadros se rompían porque sí y estuvimos a punto de ser aplastados por una lámpara de araña. Así que decidimos ir al cementerio por la noche… y ya os sabéis el resto de la historia.

Hubo un silencio breve.
            -Madre mía-resopló Jesse-En que lío nos hemos metido.
            -¿Qué sabéis vosotros?
            -No mucho más. También dimos por sentado lo de las gemelas, aunque no se nos ocurrió ir a la casa. Pero sí hay una cosa interesante…


            Alysa

            Janyse sonrió orgullosa antes de empezar a hablar.
            -En un principio creíamos que solo había dos fantasmas. La dama de blanco y la dama de negro. Pero después de indagar un poco… La primera vez que bajamos a la biblioteca, ese algo que decís vosotros estuvo a punto de matarnos a los dos, pero solo nos dio tiempo a ver claramente su cara un segundo, gracias a que Jesse se había traído una linterna-Alysa le dió un cosazo discreto a Chris y le miró acusadoramente. Sus ojos verdes dijeron algo así como "La linterna"-No le reconocimos. No era ni la dama de blanco ni la dama de negro. Nos pareció tan raro que decidimos preguntar a nuestros respectivos abuelos por la historia completa de la ermita. Pero, tal y como esperábamos, no supieron, o no quisieron, contarnos nada que no fuese el cuento que ya nos sabíamos.
            -Así que se nos ocurrió aprovecharnos de que soy el hijo del alcalde y colarnos en el despacho de mi padre y buscar el registro del año mil novecientos cuarenta y cuatro. Hace exactamente setenta años.
Chris sonrió impresionado.
            -El mismo año en el que supuestamente murieron las gemelas y su padre.
            -Justo. Pero en el ayuntamiento no encontramos nada. Obviamente, tanto los nacimientos como los fallecimientos deberían estar en el registro civil, pero siendo un pueblo tan pequeño, suponíamos que deberían guardarse copias de esos documentos en algún sitio.
            -Pero ¿qué buscabais exactamente?
            -Las partidas de defunción de mil novecientos cuarenta y cuatro. El caso es que, indagando un poco, nos enteramos de que, históricamente, este tipo de documentos se conservaban en  las parroquias o iglesias. Ya sabéis, el historial de bautizos, funerales y actos de ese estilo. Tenían que estar allí. Pero había un problema.
            -Las fechas no coinciden-adivinó Chris.
            -Exacto. La parroquia actual del pueblo se terminó de construir en mil novecientos cincuenta y seis. Aún así, buscamos los documentos, solo por asegurarnos, pero allí no estaban.
            -Solo hay en el pueblo un edificio religioso suficientemente antiguo como para guardar esos registros.-continuó Janyse-¿Adivináis cual es?
            -La ermita-asentí.-Espera ¿la biblioteca de la ermita? ¡Estaban en la biblioteca!
            -Premio.-sonrió Janyse-Simplemente fuimos un miércoles con la esperanza de que no hubiese ningún fantasma dentro. Tuvimos suerte.
            -Pero no tiene sentido. En teoría, las ermitas las usa una sola persona para cultivar su vocación religiosa. No hacen función de iglesia.
            -Cierto. Pero hay una explicación. Este pueblo lo fundó hace noventa años un ermitaño anciano, el padre Pelayo. Después de pasar casi toda su vida aislado en medio de ninguna parte, dedicado a al religión, optó por acoger a su alrededor a familias de campesinos, así que la ermita pasó a ser la iglesia del pueblo. El padre Pelayo era el único sacerdote del lugar. Y estamos hablando de mil novecientos catorce.
            -¿Como descubristeis todo esto?
            -Preguntándoles a mis abuelos-respondió Janyse.-Bueno, encontramos en la biblioteca de la ermita todo el registro de nacimientos y defunciones de ese año… y curiosamente, solo hubo muertes durante dos meses del año. Julio y agosto concretamente. Lo más raro era el número de defunciones y las fechas correspondientes.
            -No me lo digas-mascullé.
            -Si te lo digo. Seis muertes, ocurridas durante seis semanas con una diferencia de seis días entre una y otra.
Nadie dijo nada durante unos segundos.
            -Pero ¿qué tiene esto que ver con el fantasma de la biblioteca?-dijo Chris
            -¿No lo entiendes? ¿Qué ha sido de esas seis personas? ¿Adonde fueron a parar sus espíritus?
            -¿Estás diciendo que hay seis fantasmas sueltos por el pueblo?
            -Así es. Pero sabemos dónde están tres de ellos.
            -Déjame adivinar. Dos son las gemelas y otro es el de la biblioteca.
            -Aplausos para Alysa-se burló Jesse.
            -Te lo dije-exclamé mirando a Chris-Las gemelas fueron las primeras víctimas de una serie de seis.
            -Exacto. Lo que no sabemos es qué desencadenó esa serie de víctimas.
            -¿Damos por sentado que esa fue la primera serie de víctimas del pueblo y esta es la segunda?-preguntó Chris.
            -Parece que sí. Estuvimos echándoles un vistazo a otros registros y no parece haber más años con esa peculiaridad. En un pueblo tan pequeño muere muy poca gente.-explicó Jesse.
            -Vaya… Y bueno, ¿descubristeis algo más?
            -Solo una cosa más. Estuvimos aprovechando para completar la leyenda, medio preguntando por el pueblo. Con cautela, claro está. Si no, no hay manera de que te cuenten nada. El caso es que, al parecer, estábamos todos equivocados. No hay dos gemelas. Hay tres.
            -¿Cómo?
            -Son trillizas-explicó Janyse-La leyenda popular no incluye nada sobre la tercera porque, al parecer, nadie la conocía. No tenemos ni idea de quien  era ni de dónde está su fantasma. Si es que está muerta. Podría ser cualquiera de las ancianitas del pueblo y no sabríamos nada.
Chris y yo nos miramos con la boca abierta.
            -Madre mía-masculló Chris-¡Tres hermanas, y una de ellas perdida! Que locura…

            Fruncí el ceño asaltada por un pensamiento.
            -Hay una cosa que no entiendo.-empecé a decir despacio-Desde que Chris y yo empezamos a ir al cementerio empezó a morir gente que nos importaba. Amigos, familiares. ¿Por qué a vosotros no os ha pasado eso?
            -Te recuerdo que Ian era mi mejor amigo-dijo Jesse con voz dura.
            -Peor me lo pones-dije cada vez más alterada.
            -¿De qué hablas, Alysa?-inquirió Chris.
            -Si Ian y Jesse eran mejores amigos, eso significa que no era una víctima digamos “destinada” para ti-le dije-Por lo tanto tu primera víctima es May.
            -Pero ¿a qué te refieres?
Suspiré intentando explicarme.
            -Vamos a ver, digamos que la serie es de seis muertes. Pero esta vez, hemos desencadenado dos series. Dos investigaciones, dos series.
            -O una sola “combinada”-dijo Janyse empezando a entender.
           -No creo, porque en ese caso Ian contaría como víctima común. Amigo de Chris y de Jesse a la vez. Pero en realidad era más amigo de Jesse. Me refiero a que primero ha muerto Ian, amigo de Jesse, y luego ha muerto May, prima de Chris. Una muerte de un lado, otra muerte de otro. Parece que va a seguir así. Y como hemos empezado a investigar por separado, podría haber dos series de seis distintas. ¿Quién nos garantiza que cuando muera la sexta persona se acabará todo? Sería la excusa perfecta para cobrarse no seis sino doce víctimas.-exclamé asustada de repente.
Los tres me miraron con la preocupación pintada en la mirada.
            -Sería demasiado-murmuró Jesse. Janyse se mordió el labio inferior.
            -Alysa tiene razón. Y no se vosotros pero yo no estoy dispuesta a quedarme sentada mientras empieza a morir gente. Mañana a las doce en el cementerio.
Todos asintieron con la cabeza, en silencio.
El reloj de la plaza dio las campanadas de las tres de la madrugada.
            -Las tres... que tarde-murmuré. El sonido de un móvil sonando hizo que me girase hacia Jesse. Él suspiró, y se metió la mano en el bolsillo del pantalón, sacando el aparato. Este siguió sonando en su palma. ¿Por qué no lo cogía?-¿No vas a cogerlo?-pregunté- él negó con la cabeza. No dijo nada. Simplemente nos lo tendió a Chris y a mí y nos señaló la pantalla. "Llamada entrante: Ian". Ambos abrimos los ojos como platos.
            -Todos los días desde que murió. Antes también me llamaba a las tres porque no tenía sueño, y le apetecía hablar... Está muerto. Pero... mi móvil sigue sonando por las noches a la misma hora.
            Chris y yo nos miramos. Nos quedamos en silencio hasta que la llamada se cortó. Ambos suspiramos.
            -La noche del día en que murió y sonó el móvil-empezó pausadamente- Me pareció ver una silueta con dos alas bicolores por la ventana.
Abrí mucho los ojos.
            -Esa es otra. La de las alas bicolores. ¿Quién es? Solo nos la hemos cruzado un par de veces.




Janyse

Empujamos la puerta de la ermita con cuidado de no partir en dos la madera podrida. Miré a mi alrededor cautelosamente. Ni rastro del fantasma de blanco. Me daba mala espina, pero todo parecía tranquilo. Entré detrás de Alysa y cerré la puerta a mis espaldas.
-¿Qué hacemos? ¿Bajamos a la biblioteca o curioseamos por la ermita?-inquirió Jesse haciendo un sondeo general.
-Bajemos a la biblioteca-resolvió Alysa-La de blanco no aparece por ningún lado y somos cuatro contra la de negro.
Asentí y tiré de Jesse hacia la trampilla, sirviéndome de su ayuda para abrirla con cuidado. La dejamos en el suelo y encendimos cada uno nuestra linterna. Respiré hondo y miré a los demás.
-¿Vamos?-nos miramos los unos a los otros.
-La última vez que entré ahí salí con los brazos chorreando sangre y un tobillo torcido-comentó Alysa como quien no quiere la cosa.
-Tendremos cuidado-murmuró Jesse consolador-Venga, va. Somos cuatro.
Se adelantó un paso y apuntó con el haz de luz hacia los escalones rotos.
-Espera-dijo Chris de pronto. Jesse se detuvo.
-¿Qué?-él esbozó una sonrisa divertida que escondía un futuro acontecimiento.
-Esto va a sonar un poco agorero…-dijo sin borrar la sonrisa-Pero por si acaso no salimos de ahí…
Alcé las cejas expectante, suponiendo que iba a recitar algún tipo de discurso heroico. En lugar de eso, se le ocurrió algo más propio de adolescentes. Creo que estuve a punto de dislocarme la mandíbula aquella noche, cuando Chris se dio la vuelta bruscamente y, agarrando a Alysa por la cintura, se inclinó sobre ella tumbándola sobre sus propios brazos y la besó en los labios, dejándola sin respiración. Ella abrió los ojos como platos al principio, pero no tardó en cerrarlos y responder al beso echándole los brazos al cuello.

Alysa

Sentí la mano de Chris subiendo peligrosamente por mi pierna pero lo dejé estar al ver que se detenía enseguida a la altura del borde de la falda. “La falda” pensé un momento al darme cuenta de que llevaba falda. Mi voz interior quedó ahogada por un contundente “qué más da”, permitiéndole a mi cabeza centrarse de nuevo en Chris. Aún siendo consciente de que a nuestro lado estaban unos atónitos Jesse y Janyse, en ese momento me importaba bien poco.



Chris

La verdad es que había intentado contenerme, pero luego pensé que igual habría explotado bajando por las escaleras que dan a la biblioteca y ninguno querría salir con una pierna rota de la ermita. Honradamente, me espera una bofetada; había llegado al cementerio psicológicamente preparado para ello, pero el asunto merecía la pena.
Fue entonces cuando sentí unos golpecitos discretos en el hombro que me hicieron levantar a vista.
-Tío… que es para hoy-acusó Jesse, incomodado. Janyse se masajeaba la sien con impaciencia, con los ojos cubiertos por el flequillo.
Alysa se separó de mi como movida por un resorte. Al mirarla, me fijé en que tenía los ojos brillantes y las mejillas encendidas con una mezcla de bochorno y diversión. Se me antojó una de esas muñequitas de joyero que reaccionan solo cuando alguien les da cuerda.
-Bueno, venga-cortó Jesse- Esas cosas en casa sin padres-Alysa le fulminó con la mirada, al tiempo que Janyse le daba un codazo discreto con intención sugerente.
Esto se había vuelto un poco incómodo.

Las escaleras rotas estaban tan resbaladizas como la primera vez. Me apoyé el las paredes tratando de no caerme sobre Alysa, quien andaba delante de mi. Se me ocurrió una idea. Alargué la mano hacia ella y le aparté el pelo del hombro. Se giró hacia mí. No la veía bien, pero prácticamente sentía su mirada asesina.
-¿Qué quieres?-masculló entre dientes. Me acerqué un poco más a ella y le dediqué una  sonrisa felina.
-¿Mañana repetimos?-susurré en su oído.
Ella me miró con la boca abierta. Me mentalicé para la bofetada una vez más pero para mi sorpresa, se acercó a mi con una sonrisa de superioridad.
-En tus sueños, hermoso-declaró solemnemente. Se dio la vuelta dándome en la cara con el pelo y siguió andando, ignorándome.
Apreté los labios riéndome en silencio.  Esa chica era todo un reto.

Abrimos la puerta de madera podrida. Esta vez el círculo de velas estaba apagado. Entramos, iluminando el suelo con la linterna de Jesse. Silencio.
Nuestros pasos retumbaban en la bóveda de piedra que cubría nuestras cabezas. Decidí meterme la mano en un bolsillo para hacerme con una cajita de cerillas.
Me agaché frente a una estantería y encendí una de las velas del suelo.
            -No nos conviene gastar la batería de la linterna, aclaré-encendí cuatro más. Le tendí una a cada uno de mis compañeros, y Jesse guardó la linterna.
            -Bien-empezó Janyse-. Ya sabemos que aquí se encuentra todo lo relacionado con muertes que necesitamos saber. Podemos recurrir a esto cuando queramos. Ahora nos tenemos que centrar en averiguar lo de la tercera gemela, ¿no? Pues hay que encontrar documentos que tengan que ver con nacimientos, o fichas bautismales... Cualquiera de esas dos cosas nos vale.
            -Si encontramos algo... ¿nos lo llevamos a casa?-preguntó Alysa.
            -Si no es muy grande... sí. Si lo es... no creo que sea buena idea. No queremos molestar a bibliotecario-bromeó, refiriéndose al fantasma.
            -En fin. Manos a la obra-cortó Jesse-. Nosotros por la derecha. Vosotros por la izquierda.
Alysa y yo nos acercamos a una estantería, sacamos una montañita de libros, los cogimos uno a uno y empezamos a hojear. Yo pasaba páginas mientras Alysa me alumbraba con su vela a mi lado para que leyese en voz alta. Llevábamos lo menos seis libros inspeccionados.
            - "Liza Hurlay, veintidós de abril de mil novecientos veinte..." Mil novecientos veinte, esto de hace demasiado.
            -Pasa un par de páginas.
            -"Mary Field, trece de diciembre de mil novecientos veintiuno..."
            -Más páginas.
            -"Anne Eleonor, diecisiete de noviembre de mil novecientos treinta y dos"
            -Más pag...
            -Espera-la detuve-. El nombre de abajo. "Anastasia Eleonor, diecisiete de noviembre de..." ¡Mil novecientos treinta y dos! ¡Mismo apellido! ¡Misma fecha de cumpleaños! ¡Gemelas!-Alysa sonrió, emocionada.
            -¡El nombre de abajo!-lo leí en voz baja para mí. Parpadeé.
            -No. Pone "Dimitry..." no se que. Nos hemos confundido-ella suspiró, desanima,
            -Que pena...-pasé las páginas del libro con cansancio. En una de ellas me pareció ver una mancha oscura o algo por el estilo, así que volví hacia atrás.
            -¿Y eso?-Alysa pasó el dedo por encima, y lo retiró inmediatamente, pero manchado de escarlata. Sangre fresca. El nombre estaba tachado completamente.
            -Esto es de... mil novecientos treinta y ocho. Seis años después-la vela de Alysa se apagó. La mía también. Jesse y Janyse se giraron desde el otro lado de la habitación, aún con luz.
            -¿Qué pasa?-Alysa iba a abrir la boca para contestar cuando dio un respingo, alzando la cara hacia el techo.
            -Acabo de oír algo-. Nos quedamos en silencio. ¿Pasos? Sobre nuestras cabezas.
Súbitamente, la puerta de madera podrida, la única salida de la sala subterránea, se cerró sola con mucha fuerza.
Todos nos levantamos y corrimos hacia ella. Tratamos de abrirla sin éxito.
            -¡Lo que faltaba! ¡¿No se supone que esto estaba vacío?!-protesté
            -¡Baja la voz! ¡Si hay alguien ahí arriba estamos muertos!-le reprendió Janyse.
            -¡Dios, decidme que no estáis viendo lo mismo que yo!-interrumpió Jesse, señalando al suelo.
Un charco de sangre se colaba por debajo de la puerta al interior de la biblioteca, extendiéndose poco a poco.
Los pasos merodeaban despreocupadamente por la ermita. La vela de Janyse se apagó. La llama de la de Jesse se removió, inquieta